6ª.- ¿Qué es la penitencia?
La penitencia es un precepto divino. En el Antiguo Testamento el mismo Dios se reservó un día para la penitencia: el día de la expiación (Lev. 23, 29). Jesucristo se refiere a ella como práctica imprescindible para la salvación: “Yo os digo que, sino hiciereis penitencia, todos igualmente perecereis” (Luc.13, 3-5).
El vigente Código de Derecho Canónico reafirma la obligación por ley divina de hacer penitencia (canon 1249), recordando los tiempos de su realización en la Iglesia universal: todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma (canon 1250).
7ª.- ¿Cuál es el motivo por el que a los cofrades se les denomina con el nombre de penitentes?
Son conocidas como cofradías penitenciales las asociaciones de fieles con exclusiva orientación religiosa que entre sus cultos promueven la práctica de la penitencia. Debido a ello, se ha podido calificar a los cofrades componentes como penitentes, cuando con tal fin, acuden con su hábito en corporación a desfilar en las procesiones de Semana Santa, o sin indumentaria especial a otros actos, movidos por un ánimo expiatorio y no impetratorio.
8ª.- ¿Cuál es la razón principal por la que los penitentes realizan su práctica penitencial?
Los penitentes de los desfiles procesionales de Semana Santa, llevados por el espíritu antes citado, intentan expiar, con sus mortificaciones y disciplinas, las faltas cometidas, pensando que si han pecado, a menudo lo han hecho por amor a la comodidad y el placer, y es justo que expíen sus culpas con incomodidades y sufrimientos.
9ª.- ¿Por qué esta práctica se hace en público durante las procesiones?
Para reconocerse públicamente ante los demás fieles en la condición de pecador.
10ª.- ¿Por qué visten hábito los penitentes?
El hábito religioso no es uniforme de gala o de prevalecencia, es señal de humildad y modestia. Los penitentes, además, lo usamos para distinguirnos ante los demás fieles en nuestra condición de pecador.
El motivo de su utilización por todos los penitentes fue y es, mostrar un indicativo en público de la condición de pecador de su portador, y añadir al sentir expiatorio de los rigores, mortificaciones y disciplinas penitenciales ejecutadas en las procesiones de Semana Santa, un gesto de humillación personal ofrecido voluntariamente a Dios para incrementar su pena a imitación de Jesús el Salvador, que siendo Hijo de Dios, libremente se deja humillar en la Pasión antes en morir en la Cruz por la salvación de todos los hombres redimiéndolos del pecado original. El penitente reconoce públicamente que ha pecado y públicamente se confiesa ante todos pecador, y una vez cumplidos los demás requisitos exigidos para una auténtica confesión, recibe el perdón de Dios Nuestro Señor, que esperanzadoramente, como profética promesa, jamás rechaza ni al más empecatado de los pecadores.
“Humíllate a Dios, y espera de su mano” (Eclesiástico 13, 9).
“Porque todo aquel que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lucas 18, 14).
11ª.- ¿Cuál es el origen del capuz del penitente español?
El Tribunal de la Inquisición se funda en España en 1478, con aprobación del Santo Padre y a propuesta de los Reyes Católicos. En ese tiempo comienza a gestarse el concepto de cofradía penitencial de Semana Santa española, tal y como ha acabado por consolidarse en la historia. A causa de su mejor preparación teológica y su rechazo de las ambiciones mundanas, el cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a dominicos y franciscanos. La Orden Franciscana es la introductora en todo el orbe cristiano de la representación escénica y la celebración en culto público de los principales misterios de la vida de Cristo y la fundadora en España de las primeras cofradías penitenciales de Semana Santa. A partir del Renacimiento, empieza a extenderse por todas las ciudades y pueblos españoles la costumbre de incorporar al hábito de los penitentes una nueva prenda: el capuz. Este ropaje, que hoy en día visten todos los penitentes españoles sobre la cabeza tapando el rostro, procede de las cofradías promovidas por los franciscanos en la misma época que se creaba el Tribunal de la Inquisición. Por aquel entonces, a los infractores arrepentidos y reconciliados, el tribunal les imponía como pena la obligación de usar sobre los hombros durante un determinado tiempo, un deshonroso distintivo consistente en un capotillo o escapulario de tela que llegaba hasta la cintura conocido como sambenito, además de un cucurucho colocado a modo de humillante casco. La combinación de ambas prendas con el añadido de la faz cubierta, preservando de este modo la intimidad del acto penitencial ante el Creador, origina el capuz del penitente español.
(continúa)
Didáctica del Cofrade (3/4)
Cofradía del Desenclavo
LUGO
Revista "Cinco Cruces"nº1