Tales procesiones llegaron a convertirse en auténticas representaciones con todas las características de un drama teatral. Las distintas escenas pasan a ser sustituidas por las correspondientes de la Pasión reproducidas en los pasos que desfilan por las calles de las ciudades y villas entre sentimientos de veneración, piedad, compasión, ira y religioso respeto. El pueblo participa intensamente, contempla la Pasión de Cristo, asume sus dolores y sufrimientos, vive los sucesos con apasionamiento superior al de la ficción teatral. Y esto en un periodo en el que el teatro estaba en dorado florecimiento, un teatro brillantísimo que se ve precisado a reservar su aspecto religioso para las “comedias de santos” y los autos sacramentales. La importancia que adquieren las procesiones de Semana Santa, que se multiplican en gran número por las poblaciones y gozan del general favor popular, se constata al compararlas con el escaso número de representaciones teatrales barrocas de la Pasión. Por ello, más que ninguna otra expresión plástica religiosa, incluso por encima de las representaciones de religiosos y de éxtasis, los desfiles procesionales de Semana Santa sintetizan mejor que otras muestras el poder persuasivo y el influjo del arte religioso, así como la capacidad de un arte para expresar valores religiosos según el sentir de una época y fomentar al mismo tiempo la emotividad y los sentimientos religiosos de un pueblo.
¿Qué pretendía la Iglesia española con su introducción?
Desde sus inicios, las procesiones de Semana Santa buscaban:
-Presentar corporeizados y escenificados los momentos de la Pasión y Muerte de Nuestro Salvador a un pueblo muy indoctrinado en los principios básicos de la fe y constantemente amenazado por la herejía que combatíamos en Europa, según las austeras exigencias del espíritu reformador.
-Mover a los fieles a la sensibilidad religiosa, a la devoción a los Sacramentos y a Nuestra Señora, y al respeto y veneración del culto sagrado.
-Partiendo del hecho básico de que el hombre es pecador, fomentar la dimensión penitencial.
La Iglesia Católica, apoyada en la autoridad de los más antiguos Santos Padres, introduce las procesiones en su liturgia para excitar y aumentar la piedad de los fieles, para manifestar públicamente los divinos beneficios recibidos, para dar gracias a Dios por ellos y para implorar la protección del Señor.
¿Y con la del resto de procesiones del calendario litúrgico?
Las procesiones encierran magníficos y divinos misterios y vienen a significar una profesión pública de nuestra fe; una adoración de Dios y reconocimiento de nuestra pequeñez y miseria. Acudimos con oraciones y cánticos litúrgicos al supremo Hacedor, y celebramos sus grandezas en las procesiones del Santísimo Sacramento, de las Sagradas Reliquias y de los Santos Patronos de los pueblos. Rogamos por las almas del Purgatorio en las de los difuntos; suplicamos misericordia en las de tiempo de guerra, de hambre, de pestes, etc., pedimos al Señor algunos bienes en las procesiones de rogativas; o finalmente, hacemos penitencia en las de la Semana Santa para expiar nuestros pecados y purificarnos de nuestras culpas.
3ª.- ¿Qué es una cofradía?
Las cofradías son congregaciones o asociaciones de fieles formadas para ejercitarse en prácticas y obras de piedad.
- - ¿Qué tipos de cofradías existen?
Podemos distinguir tres tipos:
-Religiosas con esta exclusiva orientación.
-Religioso-benéficas para ayuda, asistencia y amparo de sus miembros.
-Gremiales.
5ª.- ¿Nuestra cofradía a que tipo pertenece?
Cuando en 1947 se erige formalmente como cofradía penitencial, la Cofradía del Desenclavo del Señor, el Corpus Iuris Canonici legislaba, reconocía y disciplinaba en los capítulos II y III de su parte III, libro II, cánones 701 a 725, tres clases de asociaciones de fieles: terceras órdenes, cofradías y pías uniones. La constitución de las mismas sólo podía lograrse mediante decreto formal de erección dado por el ordinario del lugar o por el Romano Pontífice. En virtud de este decreto gozaban de personalidad jurídica. El canon 707 decía que las asociaciones de fieles que fueran erigidas para ejercer alguna obra de piedad se denominaran pías uniones y que cuando éstas se constituyeran como un cuerpo orgánico se les llamaría hermandades, las cuales, a su vez, si se fundaran para fomentar un determinado culto público, se llamarían cofradías.
Las cofradías penitenciales pertenecen, por tanto, al primer grupo, es decir, a las religiosas con esta exclusiva orientación, habiendo sido creadas en su momento con la intención de promover el culto a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y la práctica de la penitencia.
(continúa)