Hace más de veinte años que tengo el honor de ostentar el cargo de Vicehermano Mayor de nuestra Cofradía. Desde el primer momento he considerado que una de mis obligaciones principales como directivo de la asociación era cuidar que los miembros de la misma se formaran debidamente para el ejercicio del apostolado propio de los laicos, según lo indicado por el canon 329 del Código de Derecho Canónico. En cumplimiento de ello, a lo largo de la última década he venido publicando en nuestra página web y en diversos medios de comunicación, una serie de artículos que ayudaran en la instrucción de todos los hermanos a la par que relatan, desde una perspectiva histórico-religiosa, los orígenes de la Cofradía del Desenclavo, la Semana Santa lucense, algunos actos y procesiones en particular, o el ejemplo de vida de sus fundadores.
En este primer número de nuestro boletín me decido a responder brevemente, de una manera didáctica como si de una clase se tratara, alguna de las principales cuestiones en torno a la idiosincrasia de la Semana Santa que suelen preguntar a menudo los fieles a cualquiera de nosotros en el ejercicio de nuestra labor proselitista, y que de paso pueden ayudar a entender de una manera más profunda nuestra peculiar manera de ser, estar y actuar.

1ª.- ¿En qué periodo de la historia aparecen en España las cofradías penitenciales, las procesiones de Semana Santa y sus pasos con imágenes sagradas?
Las cofradías penitenciales y las procesiones de Semana Santa en España remontan su origen a la Baja Edad Media, consolidándose durante el Renacimiento las llamadas cofradías de sangre o de Disciplinantes de la Vera Cruz. Con la Contrarreforma, al objeto de responder a las críticas de la herejía protestante a las penitencias, la Orden Franciscana favorece la expansión por todo el territorio nacional de las cofradías de penitentes y el culto a los santos. El espaldarazo definitivo lo pone el Concilio de Trento en su sesión XXV acordando favorecer a las cofradías penitenciales como medio de atracción laica a las manifestaciones pastorales y exhortando a los fieles a la veneración de las imágenes y a penitenciarse como acto de culto. Al amparo de este importante hecho, las cofradías que proliferan por conventos y parroquias alcanzan su máximo desarrollo entre 1570 y 1750, respondiendo a lo que se dio en llamar cofradía barroca o potenciadora de la exteriorización del desfile procesional con ayuda de imágenes de sereno y patético realismo sobre recargadas carrozas o tronos. Es por tanto desde el Concilio de Trento, cuando las imágenes sagradas portadas en pasos comienzan a incorporarse paulatinamente a las procesiones penitenciales de Semana Santa.

2ª.- ¿Qué podemos decir en general de las Procesiones de Semana Santa?
¿Cuál fue la causa de su aparición en España?
El concilio Vaticano II, en el capítulo VII de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia que trata del arte y de los objetos sagrados, al mismo tiempo que intenta adaptarse a las expresiones artísticas de nuestro tiempo, resume el sentir de la Iglesia en otras épocas: servirse de las artes y adecuarse a las condiciones de los pueblos y de los tiempos, no considerando “como propio estilo artístico alguno”.
La Iglesia católica es consciente desde el concilio de Trento de la importancia que tiene la imagen, especialmente la de Cristo y María, y en general, el arte sacro, no sólo como apoyatura de los sentidos para la religiosidad del pueblo sencillo, sino como medio exaltador y propagandístico . La llamada al sentimiento en las expresiones artísticas de los pasos de la época, y con ella la corriente penitencial y el auge de los nuevos temas y tipos, que se remonta en su origen al franciscanismo del siglo XIII, con la exaltación de una sosegada y conmovedora realidad, busca combatir la postura contra el culto a las imágenes, los santos y las reliquias de la herejía protestante, y convertirse en prototipo de piedad sentimental y popular de amplia aceptación. En una etapa de la historia de nuestro continente de gran martirio y dolor entre los católicos por defender la pureza de la fe, Jesucristo se convierte por antonomasia en el gran mártir, y María sintetiza el sufrimiento de todo un pueblo. De ahí, de esas tendencias, el auge y predominio de la plástica escultórica como la más apta para sintetizar lo concreto y lo real, la culminación de la misma con absoluto dominio de lo religioso, y la preferencia por la talla en madera que puede adquirir mayor realismo, cercanía y transfiguración por medio de una rica policromía. De ahí también la extraordinaria floración de artistas y talleres (sobre todo en las regiones de Castilla y Andalucía), y el consiguiente apogeo de las procesiones de Semana Santa.

(continúa)
Didáctica del Cofrade (1/4)
Cofradía del Desenclavo
LUGO
Revista "Cinco Cruces"nº1
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